jueves, 8 de octubre de 2015

Lucas 4, un comentario breve / por Nahum Vega

La congruencia en la vida espiritual
(Notas breves de Sn. Lucas 4)

El reto hermenéutico para el cristiano latinoamericano de este siglo XXI es ser capaz de trasmitir no una tradición sino una congruencia entre su creencia, su prédica y lo que viven. Para no ser incluido en el grupo de los “escribas y los fariseos” que leemos en  Mateo 23; “Después de esto, Jesús dijo a la gente y a sus discípulos: Los escribas y los fariseos se apoyan en la cátedra de Moisés. Así que ustedes deben obedecer y hacer todo lo que ellos les digan, pero no sigan su ejemplo, porque dicen una cosa y hacen otra.

Un pensador no cristiano nos dice: “el hombre intenta la perfección pero no la alcanza, lo más que puede aspirar es a la congruencia”

Para el pensamiento cristiano existen dos posibilidades de alcanzar la perfección; la primera la expresó Lutero y es a través de la Gracia, así que el ser humano bajo la gracia es un pecador justificado y alcanzará la perfección en su estado venidero; mientras tanto vive el “opus Dei”; La obra de Dios, siendo incorporado al cuerpo de Cristo en un camino  hacia la perfección.

Mientras que para Wesley, la perfección es alcanzable también a través de esta obra de Dios y la gracia, pero en esta vida con la búsqueda constante de la santificación, estas dos ideas teológicas que pueden parecer incompatibles tienen un punto en común “la obra de Dios” donde debe haber “coherencia entre nuestras ideas,  y  las acciones”,

“Lutero y Wesley, están mucho más cerca el uno del otro de lo que a simple vista pudiera parecer. Ambos enseñan que la salvación es únicamente por la gracia de Dios, por la fe sola; esa salvación incluye no sólo la remisión de la culpa del pecado, sino también el quebrantamiento del poder del pecado y una verdadera renovación de la vida; y esa salvación no se alcanza completamente en esta vida, sino sólo en la vida del mundo venidero. Y si Wesley tiene mucho que decir sobre la perfección cristiana, o el amor perfecto como única motivación consciente del enteramente santificado, mientras que Lutero niega rotundamente la posibilidad de perfección en esta vida, no podemos dejar de tener presente que cuando hablan de perfección ambos entienden dos cosas muy diferentes. Lutero habla de perfección absoluta; Wesley, de una perfección “relativa”, relativa a las posibilidades que por la gracia de Dios tiene una humanidad caída.”
La perfección cristiana en Wesley y Lutero
por Pablo García Rubio


Demos un vistazo breve a la congruencia de Jesús en circunstancias de aparente conflicto espiritual. Usemos el relato lucano de la vida de Jesús  en el capítulo 4. El ocuparnos de la vida espiritual, el ser llevados por el Espíritu al desierto, conlleva el ser probados. Para confirmar, de donde venimos, donde estamos y donde vamos. La prueba vine del adversario que nos presentará un enorme mentira con una máscara de aparente verdad.

El decir “que las piedras se conviertan en pan”, no hacia hijo de Dios a Jesús. Él era el Unigénito por  saber su procedencia. En nuestro caso somos hijos por ser coherederos con Cristo. Sabiendo siempre de donde venimos como el mismo pan, que es sacado de la tierra para ser transformado en sustento. La oración judía que dice “Bendito el Creador… que saca el pan de la tierra” tiene un valor pedagógico de recordarnos nuestra procedencia ante el engaño de Satanás.

Ahora a Jesús se le muestra los reinos del mundo, lo terrenal y pasajero. El saber donde estamos, en la dimensión de lo eterno. Reflejando la eternidad en nuestro diario vivir, “Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.” El ser atrapados en lo inmediato, se da generalmente cuando tenemos una incongruencia con respecto a lo que nos marca Dios en cuanto a nuestro propósito de estar aquí. El catecismo menor de Westminster, hace una primera pregunta “¿Cuál es el fin principal del hombre ?” y la primer parte de la respuesta es: “El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios”. 

El embate final contra Jesús en el desierto es muy sutil y nos recuerda como desde siempre el adversario quiere intervenir en la historia y modificar su final. Pero Dios no puede ser tentado. Lo importante es donde vamos, su plan y propósito eterno que no puede ser modificado. La lucha entre el bien y el mal no es algo que no ha tenido ya una resolución. si estamos en el plan eterno de Dios; podemos decir junto a Santiago 4: “Por lo tanto, sométanse a Dios; opongan resistencia al diablo, y él huirá de ustedes.” 

La congruencia en la vida espiritual no es posible sin dos destellos que vemos en la vida de Jesús anotados por Lucas en el arranque de su ministerio. El primero es después de la lectura en la sinagoga y ante la mirada de todos, sus palabras son: «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de ustedes.» . Las acciones en la cotidianidad de Cristo, son en función del cumplimiento de las Escrituras. Sin este elemento vivificador las escrituras son una lectura sin sentido. Es nuestro deber entrar en este camino de re lectura donde nuestro diario quehacer tenga congruencia con “esta Escritura”.

El segundo es la autoridad. En la ciudad Galilea de Cafarnaún, donde enseñaba a la gente. Cuando Jesús enseñaba las escrituras sus oyentes tenían un referente en los “escribas y los fariseos” que para esta época contaban con un sistema teológico que ya era muy refinado y su conocimiento de las escrituras era muy amplio. Pero los escuchas de Jesús notaban una diferencia entre sus enseñanzas y la de ellos: “les hablaba con autoridad”. La congruencia en la vida espiritual tiene un referente que la califica, La autoridad. Ahora bien esta autoridad en este referente no significa dominio sobre los demás, por el contrario es poner a la disposición de los oyentes de la Palabra la acción transformadora. Esta autoridad es tal en Jesucristo que aun las huestes del mismo Satanás, los demonios le reconocen. Y en está autoridad es que puede decirles «¡Cállate, y sal de ese hombre!». 

La congruencia en la vida espiritual, tendrán resultados en lo tangible,  lo leído en la sinagoga en Nazaret “libertad a los cautivos" tomaba vida en la obra de sanidad    y liberadora de Jesús: También de muchos salían demonios, los cuales gritaban: «¡Tú eres el Hijo de Dios!» Pero Jesús los reprendía y no los dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo. Pero esta visibilidad de la congruencia en la vida espiritual, está dirigida a un propósito especifico y de ninguna manera debe quedar como un soluciona temporal de nuestras necesidades físicas. Cuál es pues este propósito especifico. Las buenas noticias y el Reino de Dios. Así lo dice Jesús: «También es necesario que yo anuncie en otras ciudades las buenas noticias del reino de Dios, porque para esto he sido enviado.»

Es pues la espiritualidad congruente la que seguida de señales visibles entiende que su fin último es manifestar la obra redentora de Jesús el Cristo, y que el Reino de Dios sea establecido en el corazón de los hombres.


 Lucas 10.17-20 “Cuando los setenta y dos volvieron, estaban muy contentos y decían: «Señor, en tu nombre, ¡hasta los demonios se nos sujetan!»  Jesús les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.  Miren que yo les he dado a ustedes poder para aplastar serpientes y escorpiones, y para vencer a todo el poder del enemigo, sin que nada los dañe.  Pero no se alegren de que los espíritus se les sujetan, sino de que los nombres de ustedes ya están escritos en los cielos.»