Siempre es necesario la reflexión y el análisis de los temas fundamentales de nuestra fe. Aquí he intentado teorizar desde lo axiomático el reto del discipulado. Sabiendo que lo importante no es saber o no saber, sino el saber el porqué.
1. El ser humano como ser gregario su origen
“No es bueno que el hombre esté solo.”
Gn. 2.18
Somos creados como seres de relación, donde el hombre es capaz de reconocerse así mismo. Y también reconocerse en el otro igual a él pero diferente. Pero además seres que disfrutamos de compartir con los otros.
Es así como los dos relatos de la creación en Génesis y el origen del hombre es no solo la conciencia con lo creado, va más allá en el sentido de bienestar. Así termina este primer relato: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana del día sexto”.
Este contexto dará una hermenéutica al “árbol de la ciencia del bien y del mal”, dejando de lado una explicación simplista de “fue puesto el árbol para que el hombre pecara”; a un entendimiento de que; “lo bueno” y “lo malo” es el ámbito donde el ser humano social debe desempeñarse como imagen y semejanza de su Creador. El contexto es: “era bueno en gran manera” y “No es bueno”. No una lucha entre el Bien y el Mal. Sino una conciencia de el bien y del mal, para tomar decisiones correctas. en el sentido que concebimos como el adecuado. Para llegar al bienestar, no desde lo individual sino de lo colectivo.
2. El ser humano como ser gregario surgimiento de la Familia
“…guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados.”
Dt. 6.2
De este modo en la etapa temprana de la humanidad el bienestar está relacionado con el trasmitir adecuadamente la imagen y semejanza de Dios. La familia en el sentido patriarcal era la forma de mantener el bienestar. Los clanes, dinastías y tribus son los que transmiten la identidad y hacen un linaje que puede distinguirse de los demás.
La distinción está entre los que obedecen o no al los conceptos que dan vida. Tenemos entonces a los “hijos de Dios” y los “hijos de los hombres”. Para tomar decisiones adecuadas en lo colectivo que tienen que ver con lo individual a que grupo quiero pertenecer.
Y de esta manera es como lo habla a su pueblo en lo colectivo y hacia lo individual, vale la pena citarlo aquí para la reflexión:
“Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos? Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos? Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.
Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; porque yo te mando hoy que ames a Jehová tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella.” Dt. 30.11 al 16.
Es desde el colectivo de donde se cuida y protege al individuo y es desde lo individual donde se decide estar acorde con lo colectivo. La familia es el ámbito desde donde se provee la identidad que va de lo colectivo a lo individual, es por tanto para el ser humano tan importante el sentido de pertenencia. Pertenencia a la “Familia de Dios”.
3. El ser humano como ser gregario el surgimiento de la Iglesia como comunidad discipuladora.
“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” Jn. 15.5
cuando Jesús declara las tan citadas palabras al final del evangelio de Mateo de: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”
Quedan enclavadas en ese presente con alcances en la eternidad pasada y futura. El discipulado está en el corazón de Dios de siempre. En la figura de la “vid” donde la permanencia no depende de individuo sino de su fuente, y el sostenimiento se da en el pámpano.
La iglesia es la comunidad donde juntos crecemos en armonía, tomando la palabra latina “Domum” es la casa o cubierta de Dios, que da lugar a todos los redimidos o comprados para ser edificados mutuamente en amor. Somos familia de Dios.
En la comunidad cristiana que discípula debe haber dos evidencias visibles. Una que es “bíblica” es decir, los miembros comparten su experiencia de su lectura tanto en el conocimiento y descubrimiento de lo que Dios quiere para sus vidas y cómo lo ponen en práctica teniendo como testigos los miembros de su comunidad. Por otro lado la evidencia de ser una comunidad “terapéutica" que sane en amor.
4. La Iglesia como comunidad discipuladora sus retos del nuevo milenio.
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Rom. 12.2
Unos días atrás escuchaba un sermón sobre las imágenes que usa Dios para dar a conocer como debe ser su Iglesia, y en esta descripción se hablaba de las figuras que no son la iglesia en una manera de contraste. Una declaración fuerte que se dijo: “que es lo que ataca a la Familia de Dios” y sus efectos pueden verse metidos en el quehacer de la iglesia local. Es el demonio que se llama Individualismo.
En la película estadounidense “Forrest Gump”, de finales del siglo pasado, trata de contar la historia de la generación que vivió las décadas de mediados de siglo a los ochentas. El enfoque es conservador y desde el individualismo anónimo, donde el protagonista es el gran ausente de la historia que vive. Está ahí pero el individualismo es tal que es uno más de ninguno. La parte donde decide correr y correr tiene seguidores, pero no aporta nada ni les deja nada ni espera nada.
La Iglesia del siglo xxi debe ser capaz de no conformarse a este siglo, no asumiendo los modelos sociales modernos de familias nucleares, movibles y desarticulables e individualistas, jerárquicas y machistas que la revolución industrial nos lego. Más triste aún forzando exégesis para justificar estas formas de familia; producto de el desarrollo social. Dejando a un lado el modelo bíblico de familias generacionales cuyo propósito sea el trasmitir el bienestar de Dios a las nuevas generaciones.
En ocaciones me he atrevido a decir, una prueba de el fracaso de la iglesia local es la pérdida de las generaciones que no permanecen. En un sentido práctico no se llevo a cabo un discipulado bíblico generacional. Verbigracia, no hemos seguido la simple fórmula de exponerles a la Palabra a las nuevas generaciones en la lectura del evangelio y la practica cotidiana de él.
5. Mantenerte en el Estatus de discípulo.
“Los que van al infierno, llegan allí por voluntad propia; los que llegan al cielo, es por la soberana voluntad de Dios.”
Steven Lawson
En el ejemplo de Jesús como la “vid verdadera” . Podemos ver que hay una sola manera de permanencia. Es llevar frutos por estar limpios por la Palabra. El exponerse a la soberana voluntad de Dios en su Palabra, nos garantiza la permanencia en él.
Naturalmente la Palabra nos pedirá limpieza, en un acto de sometimiento a ella y como una decisión conforme a su voluntad divina, no como una obligación pesada e irracional. Con conciencia plena del “Sumo Bien” preparado para nosotros que es adquirido no por nuestras fuerzas, sino por la permanencia en la “Vid verdadera” donde podemos: aborreciendo lo malo y adhiriéndose a lo bueno.
Que es parte de ese hermoso consejo a la iglesia a los romanos del primer siglo de lo que es el hacer discípulos y sigue vigente en este inicio del siglo xxi. Este breve manual de discipulado debíamos de memorizarlo cada uno de nosotros para cumplir así el mandato de id y haced discípulos.
“El amor sea sin fingimiento, aborreciendo lo malo y adhiriéndose a lo bueno: amándose los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndose los unos a los otros; no siendo perezosos en lo que requiere diligencia; siendo ardientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza, pacientes en la tribulación, constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad. Bendigan a los que les persiguen; bendigan y no maldigan. Gócense con los que se gozan. Lloren con los que lloran. Tengan un mismo sentir los unos por los otros, no siendo altivos sino acomodándose a los humildes. No sean sabios en su propia opinión. No paguen a nadie mal por mal. Procuren lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de ustedes, tengan paz con todos los hombres. Amados, no se venguen ustedes mismos sino dejen lugar a la ira de Dios, porque está escrito: Mía es la venganza; yo pagaré, dice el Señor. Más bien, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; pues haciendo esto, carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido por el mal sino vence el mal con el bien.
Rom. 12.9 al 21
6. Anexo para la reflexión.
Algunas de la reflexiones que podemos hacer de “discípulo" nos ayudaran a poder ver con más trasparencia cuál debe ser nuestro papel en el llamado discipulador al mundo.
“En el discipulado no te enseño lo que se, te enseño lo que hago”
“Cuando estoy discipulando a otra persona, no es mi discípulo sino del Maestro”
“El tener un discípulo no es autoridad sobre él, sino sometimiento mutuo y obediencia a nuestro Kyrios”
“Id, y haced discípulos es un imperativo, no un opción a escoger”
“El fin último de el discipulado es llegar al bienestar que Dios tiene para nosotros”
“En qué medida mi discipulado refleja mi cultura bíblica, y en que proporción soy capaz de trasladar a lo cotidiano lo que enseño”
“¿Es mi discipulado un elemento terapéutico tanto para mi como para mi discípulo?”