Dibujar una línea continua.
Nahum Vega
Es innegable la necesidad que el hombre tiene de trascender. Esta se manifiesta en diversos campos de la actividad humana. Las manifestaciones artísticas son parte de esta necesidad y la pintura cumple muy bien este propósito por la permanencia a que se llega. Pero de la innumerable producción pictórica, pocas obras han sido las que pueden transmitir además de la emoción estética, una idea. A este tipo de obras se les ha denominado expresionismo, porque a la vez que sirven para recrearnos nos dejan el mensaje de profundidad, sus trazos y color plasmados no sólo en el sentir, van más allá, llegan al pensar. De donde la distorsión de la forma y el color nos llevan a una expresión emocional.
Una de esas obras que nos servirían para ejemplificarlo es: "Marina a la luz de la luna" de Albert Pinkham Ryder. (Moonlight Marine). En ella observamos las formas reducidas a unas cuantas siluetas, que comunican pensamientos y emociones del autor. Para Ryder, norteamericano, el misticismo es su tema favorito. No un misticismo de símbolos tradicionales, sino el de la influencia cuáquera. Se deja sentir la influencia del humanismo, en el que el hombre es el esquema infinito a representar, este hombre necesitado de una identidad cultural que retomar.
Y allí frente a nosotros un cuadro que representa una pequeña embarcación en medio de cualquier parte. Casi podemos ver al hombre amenazado por los elementos. El aspecto físico del cuadro en la actualidad se nos presenta con cuarteaduras, pues el autor no fue tan buen artesano, y al aplicar en exceso capas de pintura, lo dejó propenso a que con el tiempo se agrietara; pero aun esto da un aspecto adecuado al paisaje que desdibujado se nos muestra. Al parecer esta pequeña barca dará seguridad mientras se mantenga a flote, mientras las nubes pasen bajo la luz de la luna, mientras la mar permanezca en calma.
Pero esta tranquilidad es signo inequívoco de que cabe la posibilidad de que no permanecerá así; la tenue iluminación no nos permite ver más. El manejo del color que parece no definir términos exactos, nos habla de la incertidumbre, y lo que parecía una pausa resulta en una gran angustia. Nos sentimos abandonados como si la inmensidad nos envolviera.
Este encerrarnos en nosotros mismos a que nos empuja la contemplación de la obra, parece que nos impide ver un elemento que no es fácil en medio de tal opacidad. La nave que vemos cruzar tendrá un feliz destino siempre y cuando no carezca de guía. Un guía que vea más allá de lo que nosotros alcanzamos, que vaya más allá de nuestra finitud. Que nos recuerde como la hace la antigua poesía hebrea que:
"Los días del hombre son como la hierba;
como flor del campo, así florece,
mas sopla sobre ella el viento y no
es más."
Y ante esta realidad que nos presenta Ryder, ¿qué podemos hacer? Únicamente confiar que hay alguien que puede tomar el timón, que trasciende en nosotros. Nos referimos al único que tiene la permanencia que le permite dibujar una línea continua: a Dios.
http://www.metmuseum.org/collection/the-collection-online/search/11979
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